La importante representación de La importancia de llamarse Ernesto

Los días 22 , 23 y 25 del pasado mes de noviembre, a eso de las 7 de la tarde, tuvimos el gusto de disfrutar en el Club Cantábrico de San Sebastián de la representación, por parte del grupo de teatro del Club, de la obra de teatro “La importancia de llamarse Ernesto” del dramaturgo británico Oscar Wilde.

Éxito de público y crítica de una representación magistral que fue recompensada con mucho alborozo, grandes risas y calurosos aplausos.

Dejamos aquí el vídeo de la representación, que podemos disfrutar gracias a Iñaki Cercadillo.

Una adaptación singular de un clásico del teatro universal con el que se atrevieron, bajo la dirección de Marisa Gómez Montoya, un elenco de magníficos actores y actrices, que, por su interés, nombraremos a continuación.

REPARTO

(por orden de aparición en escena)

LANE… Josu Agote

ALGERNON… Luis Gutiérrez

JACK… Jesús Marcos

LADY BRACKNELL… Belén Méndez-Vigo

GWENDOLEN… Elena Goicoechea

MISS PRISM… Carmina de Miguel

CECILIA… Marisa Gómez Montoya

CHASUBLE… Juan Querejeta

MERRIMAN… Jorge Ibañez

Queremos agradecer a Free Ability, a cargo del vestuario, a Nicolás Casla, responsable del montaje, el espacio escénico y decoración y a Iñaki Cercadillo, por la iluminación y el vídeo, sin cuyas colaboraciones no hubiera sido posible este nuevo éxito del grupo de teatro.

A continuación algunas fotos de la representación.

y por último, para quién tenga interés, dejamos aquí una breve sinopsis de la obra.


LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO

Decía Oscar Wilde que es una frivolidad hablar en serio de las cosas importantes y no solo lo decía sino que además lo ponía en práctica. En «The importance of being earnest» un Wilde profundo, irreverente y punzante nos presenta una serie de temas que agitaron la moral victoriana y las normas sociales imperantes en aquel momento, creando una sátira de la hipocresía de una sociedad que él conocía muy bien. Pero lejos de escribir un melodrama concibe y lleva a escena una parodia muy entretenida, aportando un nuevo éxito a su carrera.

La obra se estrenó en el teatro Saint James de Londres en 1895 y pese a la sátira contenida consiguió que el público la entendiese y se riese. Desafortunadamente sería la última vez porque justo en el momento que Wilde gozaba de las mieles del éxito, fue acusado de conducta indecente, juzgado y condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Tras el juicio Wilde lo perdió todo. Propiedades y familia. Cuando salió de prisión se refugió en Paris bajo un nombre falso, pero poco quedaba del hombre afable y divertido que había sido. Murió cinco años después, desahuciado, arruinado, deshecho como persona y solo.

Oscar Wilde tuvo la osadía de vivir la época victoriana de manera excéntrica, en contra de todos los convencionalismos, pero el hombre valorado por su creación artística, con una vida social palpitante, reconocido en los circulos literarios, acabo perdiendo el pulso que mantenia con la moral puritana y pagando cara su genialidad.

«La importancia de llamarse Ernesto» obtuvo un gran éxito cuando se estrenó y sigue cosechándolo hoy en día. La obra nos presenta en un juego de enredos y situaciones cómicas, personajes traviesos y dobles sentidos. Dobles sentidos incluso en el lenguaje. El propio título da fe de ello: la traducción literal del mismo sería «La importancia de ser formal» Algo así como la importancia de ser alguien que se preocupa por hacer bien las cosas, guardando un doble sentido con las palabras que se pierde al traducirlo a otros idiomas ya que las palabras Emesto (Ernest) y formal (earnest) son homófonas. Igual sonido, diferente significado. Y el juego resultante es que las jóvenes de esta comedia identifican el ideal de seriedad que desean en sus futuros maridos con el nombre de Ernesto. Por eso, la importancia de llamarse asi.

Y entorno a este juego central Wilde nos ofrece una serie de diálogos cómicos, gestos y situaciones de las que se sirve para montar toda esta sátira de alta sociedad victoriana marcada por una moral puritana, centrada en su hipocresía, encorsetada por normas y convencionalismos muy estrictos y envuelta en las apariencias, como si ser serio y formal consistiese solamente en llamarse Ernesto.